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La agresividad es el problema más frecuente en perros y gatos. Se entiende por agresividad todo comportamiento que tenga como resultado obligar a otro individuo a permanecer a una distancia espacial o social aún en ausencia de daño físico.
Las mordeduras de animales hacia las personas deben considerarse como un importante problema de salud pública. El número de accidentes causados por mordeduras de perros varía mucho de un lugar a otro. Así, por ejemplo, entre los años 1996 y 2000 se produjeron anualmente 50 agresiones de perros a personas por cada 100.000 habitantes en la provincia de Valencia. Otros estudios realizados en las provincias de Huesca y Málaga indican una incidencia anual de 48 y 150 mordeduras por cada 100.000 habitantes, respectivamente. En Estados Unidos, la incidencia anual de mordeduras por perros oscila entre 129 y 1800 por cada 100.000 habitantes y año, y causan entre 15 y 18 muertes cada año.
De un 15 a un 20 % de las heridas por mordedura de perro se infectan, sobre todo las lesiones incisas o localizadas en las manos . Las mordeduras constituyen una fuente de entrada para numerosos organismos como Clostridium tetani, Staphylococcus sp, Streptococcus sp o Pasterella multocida. Esta última bacteria está presente en la cavidad orofaríngea del 90 % de los gatos sanos e implicada en un 75% de las heridas que se infectan . Por otro lado, la enfermedad de transmisión de la enfermedad arañazo de gato está causada por la bacteria gram negativa Bartonella henselae. Los gatos la transmiten directamente por mordedura o por arañazo o indirectamente a través de un vector como es Ctenocephalides felis.
No se puede eludir la posibilidad de transmisión del virus rábico aunque desde 1975 en España no se ha vuelto a producir ningún caso. La rabia es una enfermedad viral mortal y de hecho ocupa el décimo lugar entre las enfermedades infecciosas mortales . El virus de la rabia se transmite a través de la saliva del animal enfermo cuando es inoculada al individuo sano a través de heridas o laceraciones de la piel, sean estas causadas por el propio animal transmisor (mordeduras) o preexistentes. En Madrid la vacunación antirrábica de los perros es obligatoria con periodicidad anual.
Por otro lado, los accidentes por mordedura suponen un importante coste sanitario y laboral. En EEUU entre el 17-18% de las mordeduras requiere atención sanitaria y aproximadamente una tercera parte genera una baja laboral.
Además de las secuelas físicas, las mordeduras puede originar consecuencias psicológicas; el miedo a los perros y gatos supone hasta un 36% de fobias específicas del ser humano y su origen podría estar relacionado con una experiencia traumática. Algunos niños incluso muestran síntomas de stress postraumático varios meses después del accidente.
Un perro puede ser agresivo por causas muy diversas. Se estima que aproximadamente 1 de cada 6 perros agresivos lo es como resultado de una enfermedad. Entre las enfermedades que pueden dar lugar a un comportamiento agresivo destacan todas aquéllas que producen dolor. El dolor provoca en muchos casos una respuesta agresiva cuando el animal es manipulado, aunque sea por sus propietarios. En sucesivas ocasiones, el perro puede anticiparse y reaccionar a un simple acercamiento, en un intento por evitar la manipulación. Además, en ocasiones la respuesta agresiva del perro se mantiene incluso cuando el dolor ya ha desaparecido. Por otra parte, aún cuando nadie intente tocar el área del cuerpo afectada, el dolor –al igual que sucede en el caso de las personas- puede hacer que el perro esté más irritable y reaccione con agresividad en situaciones que normalmente no provocarían una respuesta violenta. Las enfermedades de la piel que causan prurito también pueden aumentar el riesgo de comportamiento agresivo por parte del perro. Frecuentemente los niños no entienden por qué razón el perro se muestra más agresivo de lo normal y corren por ello un riesgo mayor de ser mordidos.
Excluyendo las causas orgánicas, existen varios tipos de agresividad del perro según se dirija a miembros de la familia o a personas desconocidas:
En la mayoría de las ocasiones, el ataque se precede de la emisión de ciertas señales de aviso, sin embargo, hay ocasiones en que no existen o no se detectan claramente. Esto es lo que se denomina impulsividad y constituye un grave peligro por la imposibilidad de evitarlo.
En el caso de los gatos, la bibliografía reseña diversos tipos de agresividad según el contexto en que se presenten:
Se observan significativas diferencias en el sexo y edad de las victimas según sean agredidas por perros o por gatos. Las mordeduras de perros son 1,5 veces más comunes en varones que en mujeres mientras que éstas presentan un riesgo 2,4 veces superior a los hombres de ser atacadas por un gato . Del mismo modo, la edad de las personas agredidas por perros es más bajo que las victimas de gatos. Los niños menores de 14 años presentan un riesgo 4 veces mayor de ser mordidos por un perro que el resto de los grupos de edad y entre ellos, los niños de 5 a 9 años. Los niños más pequeños pueden ser más vulnerables debido a su inexperiencia e incapacidad de defensa ante el ataque de un perro y porque no saben reconocer las señales que preceden a un ataque como determinadas posturas corporales, gruñidos, retracción de belfos u orejas o cola erguida, entre otros. Además, las mordeduras de las que son víctimas los niños afectan a la cara, cabeza o cuello en un porcentaje muy alto de los ataques, que algunos autores cifran en el 60-65% en el caso de los niños de menos de 4 años.
Sin embargo, la mayor incidencia de heridas causadas por gatos se produce en el tramo de edad de entre 60 y 69 años.
Probablemente, uno de los aspectos que despierta mayor interés en relación a los ataques de perros es el de las posibles diferencias entre razas de perro. Desgraciadamente, no existen evidencias concluyentes al respecto. Para estudiar el efecto del factor raza es necesario conocer no sólo la raza de los animales que causan las mordeduras, sino también el porcentaje que cada una de esas razas supone sobre el total y este último dato es en ocasiones difícil de obtener. Además, la información sobre la raza de los perros que han causado un accidente es poco fiable y existe el riesgo de que dichos perros se clasifiquen como pertenecientes a razas supuestamente agresivas aún sin serlo.
Es importante tener en cuenta que cualquier perro puede ser potencialmente peligroso, independientemente de la raza a la que pertenece. Sí existe mayor índice de riesgo entre los animales integrantes de determinados tipos raciales por su peso corporal, la mecánica de la mordida o la potencia muscular que determina una gravedad mayor en las lesiones.
El sexo y la edad del perro también influyen en la frecuencia de aparición de las mordeduras. Los perros machos son responsables del 63% de los incidentes y un 62% son menores de 4 años 12.
Los accidentes causados por mordeduras se producen en contextos muy variables. No obstante, la mayoría de los perros que causan dichos accidentes no son perros abandonados, sino que en un 90% de los casos tienen propietario. En la inmensa mayoría de los accidentes, las víctimas del ataque no habían provocado al animal ni invadido una propiedad ajena. De acuerdo con los resultados de un estudio, por ejemplo, el 75% de las víctimas ni siquiera había tocado al animal inmediatamente antes del ataque. En muchos casos, el ataque se produce en el domicilio de los propietarios del perro y las víctimas más frecuentes son los miembros de la familia propietaria del perro o bien personas conocidas.
Las circunstancias que rodean un ataque pueden ser muy diversas. En un 21% de las mordeduras se producen mientras se está manipulando al animal; medicando, cepillando, bañándolo, etc. Un 16% tiene su causa en la intervención del individuo en una pelea entre animales en la que la agresividad se redirige a la persona, un 7% sucede cuando se invade el espacio del animal, un 6,6% al molestar a una hembra que está criando, un 7,4% tras provocar o incitar al animal, un 17% al intentar causar daño o maltratarle y un 9% jugando con o cerca del animal.
Por otro lado, parece ser que los accidentes por mordedura se dan más frecuentemente en los meses de primavera y verano debido a que en los meses más calurosos, las personas (sobre todo niños) y los animales tienden a estar más tiempo fuera de casa lo que favorece la interacción entre ellos.
También las agresiones de animales son más frecuentes en zonas rurales o de baja densidad de población precisamente porque las personas reducen la supervisión de sus mascotas en estas áreas.