¿Cómo podemos afrontar las adversidades?

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Nadie es ajeno a los vaivenes que nos depara la vida. En tiempos de adversidad, desarrollamos un intenso desequilibrio emocional en el que sentimientos, sensaciones y emociones parecen golpearnos repetidamente, generándonos malestar. Imaginemos tres situaciones que podrían ser perfectamente reales.

Pedro, de 17 años, ha discutido con su novia. Ella ha dicho que no quiere volver a verlo, que su “historia” se ha acabado. Pedro se va a casa, pero antes llama a un amigo para contarle lo que le ha ocurrido. Su amigo le propone quedar, comprar unas ‘litronas’ para olvidarse de su novia y de las penas. Se resiste un poco, pero al final acepta el plan.

A Sonia, de 20 años, le han despedido del trabajo porque no hay suficientes beneficios, y hay que reducir plantilla. Ella fue la última en incorporarse a la empresa, así que… ya no podrá continuar. Sonia se siente enfadada y preocupada, ya que vive de alquiler y, en esta situación, no podrá pagarlo. Llega a casa y se fuma dos porros para relajarse y olvidar cuanto antes las preocupaciones.

Eric, de 15 años, discute a diario constantemente con su familia. Siente que no le comprenden. Él quiere jugar a la play y se resiste a hacer los deberes y a ayudar en casa. No quiere parecerse a sus padres, que son unos aburridos y antiguos. Por la tarde, ha estado encerrado en su habitación jugando online a la play con sus amigos/as-

¿Qué es lo que tienen en común estas tres situaciones?

Las tres son fragmentos de vida en los que existe una dificultad, un incidente adverso que crea malestar, miedo y preocupación a los protagonistas. En los tres casos lo resuelven por la vía más rápida y fácil: el consumo de sustancias o el refugio en las nuevas tecnologías, que les “hace olvidar y les proporciona una sensación agradable, de control, de que no hay una repercusión negativa a corto o largo plazo.

En la sociedad de hoy, tan acelerada y en la que ansiamos encontrar soluciones instantáneas, no hay cabida para el dolor, para la preocupación, para el miedo. Las emociones negativas son sentimientos tan intensos que solemos evitarlas o escapar de ellas, rastreando las alternativas más fáciles para no enfrentarnos a ellas.

En la población adolescente, nos encontramos diversas causas por lo que suelen evitar enfrentarse a sus miedos o a sus problemas:

– En primer lugar porque no han adquirido aún la madurez para tener estrategias, no saben o no las han elaborado. Por eso se fijan en las de los demás, aunque tampoco sean propias o efectivas.

– En segundo lugar, el pensamiento romanticista basado en el CARPE DIEM, y el hedonismo griego: aprovecha el momento, disfruta de la vida puesto que éste es su fin en sí mismo, sin consecuencias negativas.

– Y por último, la tendencia a mostrarse fuerte, huyendo de la debilidad, y a ser mejor que los demás. Los adolescentes se convierten en competidores, donde uno es mejor que otro por llevar una ropa de marca, por tener más “likes”,  tener el “mejor” cuerpo o por aguantar toda la noche de fiesta.

¿Pero cómo se afrontan las adversidades?

Según Steve Maraboli, un escritor estadounidense, “La felicidad no proviene de la ausencia de problemas sino de la capacidad de afrontarlos”. Ciertamente, no podemos evitar que surjan los problemas, pero sí el impacto que pueden causar en nuestra vida. La forma de afrontarlos puede hacernos débiles o fuertes. Por tanto, afrontemos que los conflictos y los problemas nos pueden ayudar a crecer, y no los evitemos.

Aprender a enfrentarnos adecuadamente a situaciones complejas es un tarea que requiere entrenamiento, pero más aún cuando uno es padre o madre, ya que al enseñar a nuestros hijos/as formas de afrontamiento generamos capas de protección, como si fuera una cebolla, donde nuestro hijo/a pueda relacionarse con el exterior y enfrentarse a diversas situaciones de forma reflexiva y autónoma.

A la hora de cómo afrontar las situaciones emocionales, debemos de seguir estos 3 pasos.

  1. Importancia de reconocer el dolor, miedo y/preocupación.

Educar en las emociones nos ayuda a tener un concepto ajustado y adecuado de nosotros mismos. Si escondemos nuestros sentimientos, si se vuelven vergonzosos o intensos, negamos su existencia. Es vital que, por más que esas situaciones nos parezcan amenazantes o difíciles, las reconozcamos como temporales y las sintamos sentirlas para identificarlas. Y al hacerlo la damos una forma, una imagen, y sobre todo la volvemos menos intensa, con la cual podemos trabajar.

  1. Libera la emoción y expresa el problema.

Ese miedo o malestar es importarte liberarlo. Encontramos diversos canales para expresar ese sentimiento: escribir, bailar, correr, dibujar, hablar con alguien…. No tengamos miedo a decir lo que nos pasa, en analizar el problema. Seguramente alguien habrá sentido una emoción o sentimiento parecido.

  1. Afronta el problema de forma estratégica.

Una vez reconocida la emoción y definido el problema, hay que afrontarlo. Cuando a un mismo problema recurrimos con la misma estrategia se denomina fijación funcional. Se responde de la misma forma, aunque no sea eficaz,  porque nos sentimos más cómodos y nos asusta lo nuevo, o porque no sabemos cómo responder. Es importante cambiar la perspectiva. Os mostramos tres estrategias:

  1. Lluvia de ideas: lanzamos todas las ideas que se nos ocurran, da igual si resultan irrisorias o ilógicas. Luego haremos una selección de las que pueden servirnos.
  2. Caminando hacia atrás: se trata de imaginar que el problema estaría resuelto, e iniciamos el camino hacia atrás. ¿cuál fue el paso antes de llegar a la meta? ¿Y el anterior?.
  3. El tiro del arquero: un arquero cada vez que dispara una flecha comprueba dónde ha dado y hace correcciones hasta dar en la diana. Es un aprendizaje de ensayo y error. Debemos de plantearnos pequeñas metas y en cada una de ellas revisar cómo hacemos las cosas.

Afrontar situaciones o problemas no es saltar un obstáculo. Tal y como establece el efecto Mariposa, los pequeños cambios que hagamos hoy, pueden generar grandes transformaciones en nuestro futuro. Podemos generar montañas intransitables en nuestro camino o podemos  allanar el terreno introduciendo pequeños cambios.

¿Estamos dispuestos a caminar o a bloquear nuestro camino?

 

Margarita Iniesta

Psicóloga y orientadora familiar

Servicio de Prevención de Adicciones

 

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