Somos padres y madres… ¡No sus amigos!

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¿Quién marca las “reglas” dentro de la familia? Debería estar meridianamente claro, pero no es así. Y no lo es porque en la actualidad se ha difuminado la referencia de autoridad de los progenitores en relación a los hijo/as hasta casi no saber quién marca las normas, pautas y límites en la familia. Cuantas veces hemos vivenciado escenas como la del niño tirado en medio del pasillo del supermercado enrabietado por la negativa de sus padres a comprarles un capricho, y que acaban cediendo para evitar el bochorno del llanto de su hijo en público, o la niña sentada en el carro del supermercado, que sus padres empujan, dirigiendo la compra, a modo de juego, sorteando estanterías y eligiendo los productos que entran en el carro: chocolate, pizzas, zumos… Esta imagen, que se repite y puede trasladarse a otras situaciones de la vida diaria, es síntoma de ausencia de un modelo de autoridad saludable y conlleva el riesgo de convertirse en un problema. Está en  manos de padres y madres prevenirlo, recuperando el ‘timón’ a tiempo.

Estas situaciones denotan la tendencia de muchos padres y madres a eludir responsabilidades y adoptar el papel de amigo/as o colegas de sus hijo/as. “¿Cómo le digo a mi hija que puede volver a las 3 de la mañana aunque solo tenga 13 años?, ¿Qué pasa por compartir un cigarrillo con mi hijo/a? ¿Cómo decirle a mi hijo qué no juegue horas con la Play si yo lo hago?”. Los padres y madres, al mostrarse ‘colegas de sus hijos, provocan una pérdida de autoridad que afecta al equilibrio de la familia.

Si entendemos por amigo “alguien que va estar ahí siempre que lo necesites” podría ser bueno, pero si consideramos por amigo convertirte en un padre que adopta actitudes que no corresponden a su edad, como querer ser amigo de los amigos de tu hijo, fumar con él/ella, salir de fiesta y beber con él/ella, ¡cuidado! ¡Abre los ojos! No sólo no es saludable, sino que tiene consecuencias negativas. Los amigos no ponen normas ni límites, tienen otra función. No podemos olvidar que ante todo somos un referente para nuestros hijos, necesitan situarse y situarnos, sin darles mensajes contradictorios ni pretender invertir nuestros roles. Para poder establecer un vínculo sano, los roles deben estar claramente definidos.

Entonces… ¿Por qué muchos padres y madres se empeñan en ser amigos de sus hijos como algo positivo? Posiblemente la respuesta sea porque hay progenitores que huyen del término “autoridad” –establecer normas, pautas y límites– como si fuera algo negativo en la educación de sus hijos, confundiendo la necesaria y positiva educación con el no deseado autoritarismo.

Este estilo “padres amig@s” que parece emerger es contraproducente y perjudicial porque fomenta la poca autonomía y la escasa seguridad en los hijos, ya que no cumplen, como referentes que son, con su función de educar. No podemos renunciar a nuestro papel de padres y madres, y por tanto de educadores. Del mismo modo que mi tío no es mi hermano o mi abuela no es mi prima, mis padres no son mis amigos. Es sencillo: los hij@s deben tener padres y madres que ejerzan como tales y asuman ese rol y no otro.

En ocasiones lo que se esconde detrás de este ‘colegueo’ es simplemente la búsqueda de una relación cercana con el/la hij@, lo que es comprensible, pero la comunicación que se establece no es la más adecuada. Tenemos que saber diferenciar. Una cosa es estar cerca y otra bien distinta es hablar como ell@s como si tuviésemos 12, 15 o 17 años. Las reglas del juego deben estar claramente definidas.

No hay que “ganarse” a los hijos con el ‘colegueo’, mostrándose como padres ‘guays’. No podemos frenarnos por temor a ser autoritarios y por miedo a decir no. Hay que poner límites. Lo necesitan, y no hay que pensar que por marcarles normas y establecer pautas y límites en el seno de la familia nos van a querer menos. Necesitan que actuemos como adultos y que asumamos nuestro rol por el bien de su desarrollo.

Desde pequeños debemos dejarles claro qué cosas se pueden o no hacer; hacerles saber que todo acto tiene consecuencias, y que las cosas no son siempre como uno quiere. Por tanto:

 

  • Establece pautas y límites, y no permitas que tus hijos hagan siempre lo que quieran. Enséñales que una determinada conducta tiene sus consecuencias. Cuando existen límites crecen más seguros.
  • Comunícate con tus hijos de forma positiva, cercana y firme, sin ser su colega. Habla con ellos para informar y educar, y sobre todo para mostrarles afecto.
  • Educa en el “no” para que tus hijos/a aprendan a gestionar su frustración. Sabemos que es más fácil comprarle ese móvil de última generación que pide, que repetirle incansablemente que uno no puede tener todo lo que ve y quiere, o que no es adecuado a su edad. Decirles hoy “no”, les ayudará mañana a enfrentarse a las negativas con las que se encontrará en su vida.

 

Los padres sois esa guía que los hijos/as necesitan para orientarse y aprender, sois su referente, ellos/as te necesitas, especialmente hasta que se conviertan en adultos. No pretendas convertirte en su amigo y esfuérzate para darles lo que más necesitan: un padre y/o una madre.

 

¿Dispuestos/as a coger el ‘timón’?

 

Y recuerda, si no puedes hacerlo solo o sola, en Servicio PAD, prevenimos y tratamos las adicciones en adolescentes y jóvenes del consumo de alcohol, drogas o uso problemático de las Nuevas Tecnologías.

¡Llámanos! 699 480 480

 

Rocío Rísquez Delgado

Pedagoga y Coordinadora

Servicio de Prevención de Adicciones

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