Adolescentes: 5 consejos para fomentar la confianza en sí mismas/os

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La seguridad, la confianza, la autoestima juegan un papel clave en la adolescencia y son factores de protección frente a conductas adictivas. En esta etapa, hijas e hijos empiezan a redescubrir el mundo, a explorar los límites de su libertad y a emprender acciones y resolver problemas a los que nunca antes se habían enfrentado con tal grado de autonomía. Darles ejemplo es la mejor forma de transmitirles seguridad, ya que aprenden de lo que ven y de lo que les enseñamos. Por tanto, tratemos de actuar con confianza, credibilidad y tranquilidad para generar el equilibrio y la autonomía que necesitan. Un adecuado equilibrio se consigue cuando les ofrecemos unos sólidos vínculos familiares, les damos libertad para expresar opiniones (aunque estén en desacuerdo con las nuestras), potenciamos su capacidad para tomar decisiones y favorecemos la confianza personal mutua.

Educar en la autonomía y en la seguridad es preparar a nuestros hijos y a nuestras hijas para avanzar en su desarrollo día a día, superar dificultades y obstáculos y alcanzar independencia y madurez.

Pero nadie dijo que fuera fácil. Es una tarea compleja, en la que entran en juego factores que tendremos que manejar adecuadamente. Queremos orientaros en esta compleja pero gratificante tarea:

  1. Seamos referentes dignos de su confianza: Debemos ofrecerles un entorno en el que sientan seguridad, en todos los sentidos. Que sepan que cuentan con nuestro apoyo de forma incondicional siempre que nos necesiten. Aunque en ocasiones se distancien del núcleo familiar y parezca que no quieren saber nada, no rompamos el vínculo: aunque a veces no lo parezca, necesitan saber que estamos ahí.
  2. Y seamos las personas que más creen en nuestros/as hijos e hijas. La familia, como contexto más cercano y presente a lo largo de la vida de la persona, tiene una gran influencia en la imagen y confianza que van adquiriendo. A través de lo que hacemos y decimos les trasmitimos mucha información y en ocasiones no somos muy conscientes de ello. Pueden ser pequeños detalles, o gestos o palabras, pero influyen y afectan. Si tendemos a pensar y a decirles que “no tiene iniciativa”, éste puede llegar a ser su comportamiento habitual. En cambio, si les animamos y mostramos que confiamos en sus capacidades, la motivación será uno de sus motores.
  3. Favorezcamos su capacidad de elección y toma de decisiones. Ambos son aspectos esenciales en su proceso de maduración, por lo que tenemos que potenciarlos. Darles la posibilidad de elegir y de tomar sus propias decisiones le dará autoconfianza. Está bien ayudarles, pero siempre favoreciendo que sean ellas y ellos los que aprendan a valorar las diferentes alternativas y a responsabilizarse de sus decisiones y acciones. Es importante que mantengamos una actitud positiva cuando toman decisiones: aumentará su confianza a la hora de elegir.
  4. Motivémosles a experimentar cosas nuevas. Debemos darles la posibilidad de vivir experiencias nuevas, permitir que asuman nuevos retos y motivarles para que salgan de su zona de confort. Es enormemente positivo que experimenten, decidan, escojan, que busquen y que investiguen.  Es la manera de que lleguen a ser personas emprendedoras, capaces de ampliar y explorar sus horizontes personales, sociales, formativos y/o profesionales. Madres y padres debemos funcionar como bases seguras y estables desde las que explorar el mundo.
  5. Permitamos que se equivoquen y arreglen sus problemas. El hecho de que tomen sus propias decisiones implica que se pueden equivocar. No lo enfoquemos como un fracaso, sino como una oportunidad de aprendizaje y de avance en su proceso de maduración. Aunque sepamos o intuyamos que lo que van a hacer es un error, permitamos que sigan adelante y que lo resuelvan por sí mismas/os. Les ofreceremos nuestro apoyo incondicional, que sepan que estamos ahí y que nunca van a estar solos o solas. Podemos ayudarles a explorar las diferentes alternativas, sus ventajas e inconvenientes, pero siempre favoreciendo que sean ellas y ellos quienes las valoren, tomen la decisión y escojan. Por supuesto, se excluyen los casos en los que los progenitores deben intervenir y tomar el control de la situación.

Para terminar, recuerden las palabras la gran pedagoga María Montessori: “La primera tarea de la educación es agitar la vida, pero dejarla libre para que se desarrolle”. 

 

Rocío Gangoso

Psicóloga y Orientadora Familiar de Servicio PAD

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