Ante un Conflicto o Problema en Casa

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El conflicto es un hecho cotidiano al que todas las personas se enfrentan en diferentes áreas de la vida, en el trabajo, en las relaciones con los amigos, el vecindario, y por supuesto en la relación con los hijos.

El conflicto se origina en situaciones propias de la convivencia y de las relaciones humanas, por ello, se afirma que es tan natural como la vida misma. En si, los conflictos no son ni buenos ni malos, depende de cómo se afronten podrán tener un resultado u otro.

Los conflictos o problemas con los hijos suelen ser aquellos que como padres más dolor producen puesto que además de repercutir en la convivencia familiar, los padres sienten dolor, pena, angustia por las personas a las que se quiere. Por ello, antes de que como padres actuemos ante un conflicto, conviene hacerse algunas preguntas previas

¿Se trata de un hecho puntual o puede tener repercusiones a largo plazo para nuestro hijo?

Como padres evaluaremos la situación problema, y para ello, trataremos de discriminar si lo ocurrido es una situación puntual o si es un hecho repetido que puede dar lugar a un problema mayor. Los hijos adolescentes se encuentran en un momento de aprendizaje y por ello tienen que ensayar diferentes maneras de resolver un problema. Como padres, debemos estar atentos a las dificultades de los hijos, pero también permitirles equivocarse en la manera de resolverlos.

Por ejemplo, ante un descenso sustancial en su rendimiento escolar, como padres abordaremos el tema con nuestros hijos, les preguntaremos sobre lo ocurrido, y valoraremos si es necesario realizar alguna intervención o si con algunas pautas o sugerencias es suficiente para que lo resuelva.

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¿Es necesaria una norma o basta con una sugerencia?

El permitir que nuestros hijos tomen decisiones y/o propongan soluciones ante sus dificultades permite el desarrollo evolutivo de los hijos. Además, lograremos favorecer el desarrollo de la autoestima al hacerles capaces de resolver problemas.

No obstante, es importante que como padres enseñemos a nuestros hijos que en la vida existen normas que deben cumplir y la familia es el primer espacio donde ellos pueden aprender como resulta adecuado comportarse.

¿La conducta inadecuada afecta a los valores que la familia pretende transmitir?

Muchos de los comportamientos de nuestros hijos están relacionados con los valores sobre los que se instala la convivencia. Es el caso de la comunicación y los espacios que la facilitan.

Por ejemplo, uno de nuestros hijos dedica buena parte de su tiempo libre a jugar con los videojuegos y esto hace que se reduzca la comunicación con los hermanos y padres, puesto que suele levantarse de la mesa rápidamente y se encierra en su habitación toda la tarde.

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En este caso, es clara la necesidad de que como padres actuemos y pongamos coto a ese comportamiento que no sería necesario si hiciera un uso moderado y adecuado de los videojuegos.
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¿Este problema repercute en la convivencia familiar?

Ante un problema concreto, evaluaremos si el comportamiento afecta a los demás miembros de la familia y si afecta de forma negativa, valoraremos la posibilidad de poner una norma que lo regule.

Por ejemplo, María suele comer a deshoras. Antes de comer llega del colegio y coge lo primero que encuentra en la nevera. El otro día se comió todo el fiambre que su madre tenía destinado para la merienda de María y de. Sus hermanos. El problema no es hoy, es que lo hace todos los días. Este comportamiento, si se convierte en un hábito, tiene una repercusión directa, no solo sobre los hábitos alimenticios de María sino también en la organización de la familia y a su vez, en el respeto de los objetos comunes, en este caso la merienda. 

Un ejemplo de Norma para este caso que le sirva tanto a María como al resto de sus Hermanos, podría ser, ” cuando se llegue del colegio, hay que esperar a que la comida esté preparada”.

¿Existen otras alternativas para cambiar el comportamiento?

La educación de nuestros hijos requiere creatividad y mucha paciencia. A veces la respuesta más adecuada para una situación problemática se encuentra pensando en otras posibles soluciones que funcionaron en otras ocasiones o incluso, haciendo participes a nuestros hijos, especialmente en la etapa adolescente.

Algunas alternativas podrían ser:

  • La reflexión, en caso de que los hijos sean mayores.
  • Reforzar positivamente comportamientos alternativos al que se quiere corregir o cambiar.
  • Utilizar el castigo de forma adecuada, es decir, buscando la conexión con la conducta y siendo proporcionado al hecho que se pretende modificar.

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En caso de conflicto familiar, no olvidéis que como familia tenéis a vuestra disposición un servicio de orientación y asesoramiento familiar con el que podéis contar.

 

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