AULA CIUDADANA

Módulos Informativos sobre la adolescencia, la familia, la comunicación o los riesgos de las adicciones.

La etapa adolescente.

La adolescencia es una etapa más de la vida, aunque una etapa extraordinaria y única, porque las personas nos transformamos de niños en adultos. Es un periodo imprescindible para lograr nuestro desarrollo completo y madurar de forma positiva.

Es un periodo en el que los adolescentes tienen multitud de cambios físicos, neurológicos, psicológicos y sociales. Empiezan a salir del entorno de protección familiar y los amigos comienzan a ser sus referentes porque comparten con ellos las vivencias y los sentimientos que provocan todas las transformaciones que están viviendo.

En sus iguales encuentran el reflejo de los que les ocurre y pueden compartir juntos la necesidad de experimentar y e conocer cosas nuevas, así como reafirmarse y ensayar conjuntamente hasta encontrar su identidad. Cuando los hijos se hacen adolescentes nosotros, como madres y padres, sentimos que hemos perdido al niño que fueron y también tenemos que adaptarnos, nuestros hijos han dejado de ser niños, y ya no quieren que les tratemos como tales, pero todavía no son adultos y a nosotros, también nos cuesta gestionar con ellos esta nueva etapa. En la actualidad, los importantes avances en neurociencia nos permiten entender mejor y con más detalle la etapa adolescente.

El afecto en la convivencia familiar.

La sociedad en la que vivimos nos obliga a llevar una vida acelerada y nos dificulta cada vez más tener tiempo para nosotros mismos y para estar tranquilamente en familia.

Muchos padres y madres se convierten en expertos coordinadores de la logística familiar, pero que, una vez resueltas cada una de las necesidades de sus miembros, apenas les queda tiempo para la convivencia serena y para crear un buen clima familiar.

En este contexto, los padres y madres damos por sentado que queremos a nuestros hijos e hijas. Consideramos que se lo expresamos de muchas maneras: cuidándoles, dándoles una buena educación, preocupándonos por ellos…, sin embargo, esos actos que implican amor y generosidad, no son suficientes para que ellos se sientan queridos.

Crear un buen clima familiar va más allá de dar respuesta a las necesidades primarias de los hijos, conlleva crear un ambiente cálido y amoroso que invite al placer de compartir, de estar juntos y de tener un sentido de pertenencia.

Cuando las personas sentimos que pertenecemos a un grupo, que formamos parte de éste, nos sentimos protegidos y reconocidos en él, nos genera seguridad, por eso el clima familiar es tan importante. Un buen clima familiar, promueve y favorece el afecto entre los miembros.

El valor de la comunicación familiar.

Los seres humanos nos comunicamos desde antes de nacer y aprendemos a hablar a muy temprana edad, siendo la familia el lugar en el que emitimos nuestros primeros sonidos.

Es un momento extraordinario para los padres y madres cuando sus hijos pequeños enuncian sus primeras palabras, cuando dicen mamá o papá y comienzan a expresarse con voz propia. La capacidad para aprender a hablar es un indicador de salud infantil, de hecho, si un niño tarda en hacerlo suele ser una causa de preocupación que suscita dudas sobre un adecuado desarrollo evolutivo.

En condiciones normales, los seres humanos contamos con la capacidad para el desarrollo del lenguaje y, por consiguiente, para establecer relaciones a través de la palabra. Sin embargo, no todas las personas sabemos comunicarnos de una manera adecuada.

En ocasiones, tenemos dificultades para hacernos entender, para comprender lo que el otro nos dice y para dialogar de una manera efectiva. La familia es el primer entorno en el que aprendemos a comunicarnos y por eso es muy importante que como padres y madres revisemos cómo lo hacemos.

Normas, límites y aprendizaje social.

Desde que el ser humano comenzó a convivir en comunidad, necesitó aprender a regular la relación con los otros. Las costumbres y hábitos de comportamiento colectivos se convirtieron en leyes que, a su vez, se tradujeron a normas para favorecer la estructuración de la vida en sociedad.

A lo largo de la historia cada cultura ha desarrollado sus propias normas y éstas han evolucionado de acuerdo a los cambios sociales y a los avances de cada pueblo. Por eso, si miramos atrás en nuestra historia comprobaremos que las normas sociales han ido cambiando.

Unas desaparecieron definitivamente y fueron sustituidas por otras nuevas, algunas se matizaron para adaptarlas a nuevas realidades colectivas pero, en definitiva, en tiempos de paz la convivencia social se ha sustentado en normas. Las normas, por tanto, tienen una función clave para la estabilidad de las sociedades y son imprescindibles para una convivencia pacífica y positiva entre sus miembros.

El aprendizaje de las normas es imprescindible para los individuos. La familia constituye el primer grupo social en el que aprendemos a convivir, por este motivo los padres y madres son los protagonistas en la preparación de sus hijos para su aprendizaje social y en el ejercicio de la libertad responsable.

El consumo de alcohol y/u otras drogas durante la adolescencia.

La adolescencia, es el momento en el que se comienza a socializar y a participar en entornos y grupos de ocio fuera de la familia. Vivimos en una sociedad en la que “reunirnos y tomar algo” en bares, terrazas, parques, etc., forma parte de nuestras costumbres.

Ello hace que nos resulte difícil aceptar que el alcohol es una droga y que, como tal que entraña riesgos. Además, es importante tener en cuenta que estos riesgos se multiplican cuando el consumo lo realizan personas que están en pleno desarrollo madurativo, como es el caso de adolescentes y jóvenes.

El gran riesgo de las drogas es su capacidad adictiva, ya sea física, psicológica o ambas y también el daño físico y neuropsicológico que pueden ocasionar. Cada sustancia, por sus características, tiene una capacidad adictiva específica, pero todas podrían llevarnos a establecer una relación problemática. Por este motivo, los padres y madres, debemos estar preparados para prevenir riesgos y ayudar a nuestros hijos a evitarlos y gestionarlos.

Educación para un ocio saludable.

A medida que los hijos se van haciendo mayores y entran en la adolescencia, quieren gestionar por si mismos su tiempo libre, y les molesta ser cuestionados y supervisados en el modo de organizarse. Además, su tiempo de ocio comienzan a compartirlo con los amigos y acuden a nuevos espacios para disfrutarlo: parques, instalaciones deportivas, centros comerciales, discotecas, etc.

Tienen la necesidad de conocer nuevos entornos, vivir nuevas experiencias y los amigos se convierten en los compañeros ideales para ello. El tiempo libre y el tiempo de ocio de los adolescentes es también un tiempo de preocupación para los padres: sufrimos con la autogestión de nuestros hijos, con sus salidas, con no saber qué hacen y por este motivo es importante que estemos preparados.

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