Cómo ser modelos para nuestros hijos e hijas sin buscar la perfección

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Pero, ¿qué significa ser un ejemplo?

En ocasiones, podemos sentir presión sobre lo que esta sociedad nos exige tanto a nosotros y nosotras como a nuestras hijas e hijos.

Nos puede ayudar hacer una reflexión sobre cómo, además de lo que decimos, es muy importante lo que hacemos, ya  que, incluso en la adolescencia, aprenden de nuestras actitudes en las situaciones cotidianas del día a día.

Podemos servirles de ejemplo en múltiples ocasiones, pero las más importantes serán esas situaciones difíciles, en las que podremos enseñarles valiosas lecciones de cómo las abordamos y cómo gestionamos nuestras imperfecciones.

Sentirnos imperfectos a veces es complicado. ¡Pero nadie es perfecto!

Aunque siempre se puede mejorar, para ello debemos conocernos mejor, analizar nuestro funcionamiento y ver qué cosas podríamos hacer de otra forma.

Para emprender ese camino el primer paso es deshacernos del discurso “yo soy así” y cambiarlo por un “yo puedo cambiar” que nos ayude a mejorar cada día.

¿Cómo puedo asumir mis debilidades, sin sentirme mal? ¿Y de paso enseñar esta lección  a mis hijos e hijas?

Aquí te dejamos algunas recomendaciones:

  • Hablar con franqueza de lo que sientes, de tus sueños, de tus metas, de tu pasado.

  • Reconocer que en ocasiones te sientes triste o enfadado/a. Poder asumir y aceptar que siento todo tipo de emociones, tanto buenas como malas. Poder hacerles ver que todos tenemos  el derecho a sentirnos mal y expresarlo.

  • Comunicarnos de manera habilidosa. Sin gritar, escuchando al otro , respetando su postura y expresando la nuestra.

  • Reconocer que cometo errores, aceptarlo y buscar soluciones para que no ocurra otra vez.  De los errores se aprende.

  • Pedir disculpas si he hecho daño a otra persona.

  • Reconocer que no sabemos algo. No tengo que saberlo todo y tengo derecho a preguntar sin sentirme menos por ello.

  • Afrontar responsabilidades como parte de la vida, tolerando la frustración que las obligaciones conllevan.

  • Tener aficiones con las que ocupar el tiempo libre. Es más probable que mi hijo o hija ame la lectura si yo la amo.

  • No mentir para evitar una situación que no me gusta, enseñarles a enfrentarse a las dificultades en las relaciones personales asumiendo que no podemos gustarle a todos.

Y por último, para que te bese y te abrace, aunque los años pasen: sigue dando besos y abrazos y mostrando afecto cada día.

Pilar Coello Sánchez

Orientadora familiar del Servicio PAD

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