Desescalada y adolescentes. Recomendaciones básicas para familias: ¿Cómo normalizar el uso excesivo de pantallas?

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Desde el Servicio de Prevención de Adicciones, ServicioPad, estamos haciendo una serie de posts con recomendaciones básicas para familias relacionadas con adolescentes y jóvenes, desescalada y riesgos asociados a conductas adictivas. En esta ocasión, vamos a hablar del uso excesivo de las pantallas durante el periodo de confinamiento, cómo se gestionó para su adaptación al momento, los riesgos que se han podido generar y sus consiguientes dificultades en el proceso de desescalada. Pondremos el foco hoy, en el uso de internet y redes sociales (en un post posterior, abordaremos específicamente los videojuegos) en los principales riesgos y en algunas indicaciones para las familias sobre cómo abordarlo.

Durante los últimos meses la situación, sobre todo en la etapa de confinamiento, nos obligó a hacer muchos cambios como la inevitable readaptación a las tecnologías, necesarias para obtener información, para cumplir con tareas escolares o de teletrabajo, para llenar tantos espacios de tiempo disponibles para actividades de entretenimiento y ocio y para mantener el vínculo afectivo con amistades y familiares. Se aumentó, por lo tanto, las conexiones a internet para todo tipo de usos, el visionado de series, vídeos en youtube, películas, actividades varias, uso de chats y redes sociales (WhatsApp, Instagram, Tik Tok, etc.), video-llamadas y múltiples aplicaciones (HouseParty, Zoom, Teams) y plataformas que tomaron gran protagonismo, dando vía libre en muchos casos a un tipo de uso que entre la población adolescente y joven ya estaba instaurada dentro de sus preferencias.

Estas rutinas adquiridas, algunas positivas y otras no tanto, parece que se quieren prolongar en el tiempo y los miedos, la pereza y los hábitos desarrollados se resisten a decir adiós al confinamiento.

Echando la vista atrás debemos reconocer que en no pocas familias se ha recurrido a las tecnologías más allá de las tareas y la justa socialización, sin los límites y supervisión necesarios, seguramente sin  conciencia de los riesgos adquiridos y/o desbordadas por la situación y con la necesidad de encontrar un clima de convivencia lo menos conflictivo posible. Sin olvidar por supuesto que se disparó la oferta de todo tipo de actividades, cursos, talleres, entretenimiento, compras, plataformas y recursos online.

Esta sobreexposición a las pantallas se ha visto en muchos casos como algo normalizado y adaptativo. ¿Os imagináis un confinamiento sin internet, redes sociales, etc.? Está claro que han cumplido su cometido y tienen sus beneficios, eso es innegable. Pero ahora, según va avanzando la desescalada debemos observar que en este tipo de conductas ya existe el riesgo de que los y las adolescentes y jóvenes estén dedicando demasiadas horas a las pantallas dejando de lado otras actividades más adecuadas.

Desde Servicio PAD hemos visto indicios de ‘usos abusivos’ que quedan de forma residual al intentar volver progresivamente a la “normalidad”. Destacamos 3 situaciones preocupantes que hemos ido observando en las diferentes etapas de desescalada:

– Invasión de las pantallas en los espacios fuera de casa, en la calle. Vemos o veíamos (sobre todo llamaba la atención en las primeras fases) a adolescentes en los parques o bancos, con los móviles, a un metro de distancia con su amigo o amiga, pero pendientes de la red, durante el breve periodo de alivio, haciendo lo mismo que durante el resto de las horas del día en casa. Incapaces de aprovechar esos» breves momentos» disponibles precisamente para hacer otras cosas.

– Adolescentes que se han adaptado de tal forma a vivir alrededor de internet, sus plataformas y aplicaciones que ahora no quieren salir o que incluso manifiestan miedo a hacerlo y prefieren estar conectados/as.

– Un uso excesivo que aunque no condiciona el salir de casa, sí mantiene cuotas de pantalla elevadas que casi monopolizan su tiempo y sus alternativas, saltando de una actividad a otra pero todas dentro del espacio virtual.

 

En cualquier caso, hay una invasión de una o varias esferas de la vida de la persona comprometiendo a su vez su desarrollo madurativo cognitivo y emocional. Las consecuencias del uso excesivo de pantallas en general y del uso abusivo de la mensajería y redes sociales en particular, conlleva algunos de estos riesgos de los que no siempre hay suficiente información o conciencia de su existencia. Señalamos algunas posibles alteraciones  (más allá de la mala gestión de la seguridad y privacidad) en los siguientes aspectos:

– Atención, concentración y memoria.

– Pensamiento crítico.

– El aprendizaje.

– Rendimiento académico.

– Falta de motivación.

– Aumento de la impulsividad.

– Empobrecimiento del lenguaje y del desarrollo cognitivo.

– Relaciones personales superficiales.

– Falta de empatía.

– Necesidad de sobreconexión y miedo a perderse algo.

– Problemas de autoestima.

– Alteración y falta de manejo emocional, etc.

Por ello, es muy importante que si ha habido sobreexposición y uso excesivo, insistamos en que debe ser puntual por la situación concreta del momento, pero no un estilo de vida a prolongar. Dándole pautas para ir encauzando la nueva situación restringiendo progresivamente el uso abusivo e ir fomentando las relaciones sociales presenciales y otras actividades deportivas, creativas o de entretenimiento que no sean sustituidas por espacios virtuales a los que debemos reducir su protagonismo, retomando rutinas y espacios de convivencia familiar.

Os indicamos algunos consejos para  devolver esta situación a la normalidad:

– Necesitarás primero plantear la situación:

  • Haciéndole ver el uso real y contrastándolo con su percepción que puede estar distorsionada.
  • Concienciándole de las actividades que deja de realizar si utiliza en exceso las pantallas.
  • Explicándole sus riesgos.
  • Establece unos canales de comunicación claros. Muestra una actitud empática, tienes que ponerte en su lugar y entender su posicionamiento.

– Negociar un plan de reducción de uso de forma gradual y consensuada.

  • Incluso ponerlo por escrito si es necesario.
  • Acordar un límite máximo de horas y usos al día, supervisando su cumplimiento.

– Descubrir y retomar nuevas actividades de uso personal, social y familiar.

– Observar sus dificultades y apoyar en un correcto desarrollo personal.

– No olvidar la importancia de ser un ejemplo a través de tu conducta.

– Ser perseverante es posible que al inicio cueste, pero pronto el trabajo dará sus resultados.

 

Y recuerda, si no puedes hacerlo solo o sola, en Servicio PAD, prevenimos y tratamos las adicciones en adolescentes y jóvenes del consumo de alcohol y/u otras drogas,  del uso abusivo de la tecnología o con riesgos o problemas asociados al juego de azar.
¡Llámanos! 699 480 480

Inés González Galnares, Psicóloga clínica Y Responsable del Dpto. de Orientación Familiar,  Laura González Torija, Psicóloga y Orientadora familiar CAD de Villaverde, y Carmen Gómez de Agüero Fernández, Psicóloga y Orientadora familiar del CAD Tetuán

Servicio PAD

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