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Los accidentes en las personas mayores I- Los accidentes como problema de salud

La Organización Mundial de la Salud define un accidente como “Un suceso no premeditado cuyo resultado es un daño corporal identificable”.

En la actualidad los accidentes en los países desarrollados son una de las principales causas de enfermedad y de muerte. Constituyen una de las “epidemias” de nuestro siglo y deben ser considerados como un problema de salud pública.

Además de la pérdida de vidas humanas, de sufrimientos físicos y psíquicos, hay que recordar las repercusiones socioeconómicas derivadas de los años potenciales de vida perdidos o de las incapacidades que originan.

Entre las personas mayores los accidentes suponen la 5ª causa de morbilidad y 7ª de mortalidad. Aproximadamente el 80% de los accidentes se producen en la “esfera privada” es decir en el hogar y en las actividades de tiempo libre.

Factores implicados en la producción de accidentes

El accidente no se produce por casualidad sino que es la consecuencia predecible de la combinación de factores humanos y ambientales. Lo importante es conocer las causas que lo han producido para poder prevenirlas y así dejar el mínimo espacio a la casualidad.

En un accidente intervienen tres elementos:

Importancia de la prevención de los accidentes

La primera barrera a salvar para abordar la prevención de los accidentes es la idea de fatalidad, azar, o inevitabilidad que los rodea, su asociación a lo imprevisible y la resignación que esto conlleva. Actualmente, para evitar la idea de azar que sugiere la palabra accidente, este término se está sustituyendo por el de lesión o traumatismo. Los accidentes son inesperados pero no inevitables.

Las medidas preventivas siempre van dirigidas a cada uno de los tres elementos citados. Si estas tres condiciones no se producen a la vez, el accidente no es posible. De forma simbólica podemos afirmar que para que el accidente no se produzca basta con cortar el triángulo por uno de sus lados, de manera que los tres elementos no interactúen a la vez.

Más de la mitad de las lesiones accidentales podrían haberse evitado si se hubiesen utilizado las medidas preventivas elementales. La experiencia en diversos países demuestra que la formación a la población en prevención de accidentes es una medida sanitaria eficaz y rentable.

La prevención es un arma fundamental para controlar este problema y se basa en cuatro estrategias: INFORMACIÓN, EDUCACIÓN, LEGISLACIÓN E INVESTIGACIÓN.

La Organización Mundial de la Salud afirma que todo accidente puede ser evitable.

Grupos de riesgo

Las causas y tipos de accidentes que sufre la población están estrechamente relacionados con la edad por su influencia en los hábitos de comportamiento y en el modo de empleo del tiempo así como por otras condiciones asociadas a la edad.

El número total de accidentes entre los mayores de 65 años es proporcionalmente menor que entre la población adulta. Ocurren con mayor frecuencia en el domicilio que en el exterior debido a la ausencia de actividad laboral y al mayor tiempo de permanencia en el hogar. Así, las actividades más involucradas en los accidentes en mayores son las domésticas y las derivadas de dar respuesta a las necesidades básicas de la vida diaria, como el aseo o los desplazamientos dentro del hogar.

Entre las otras condiciones asociadas a la edad que influyen en la causa y tipo de accidente están: la menor capacidad funcional que en etapas anteriores de la vida y el mayor porcentaje de personas con enfermedades que aumentan el riesgo de accidentes por la enfermedad en sí misma o por la medicación que requiere.

El tipo más frecuente de accidente en todas las edades es la caída en el mismo nivel. La frecuencia de caídas aumenta con la edad, considerándose a los mayores de 65 años como un colectivo de riesgo para este tipo de accidente. Su interés en este grupo de población deriva, fundamentalmente, de su elevado índice de mortalidad (representan la primera causa de muerte por lesiones accidentales y la séptima causa general), del elevado porcentaje de limitación en la capacidad funcional que produce, representando a menudo el inicio de la invalidez y, por tanto, de la dependencia y del gran coste socioeconómico que comportan.

La caída se relaciona con una serie de factores llamados factores de riesgo . Hay unos dependientes del propio individuo, ligados al normal proceso de envejecimiento o a la presencia de patologías, cuya frecuencia también aumenta con la edad y que por sí mismas o por la medicación que requieren favorecen la caída.

De todos ellos, y según se ha evidenciado en diversos estudios, las situaciones que comportan mayor riesgo para la producción de caídas son: Alteración del equilibrio y la marcha, debilidad muscular, deterioro de las funciones mentales, deterioro en la realización de las actividades cotidianas y polimedicación.

Hay otros factores relativos al medio externo que favorecen la caída, los más importantes son: Escaleras, pavimento irregular, superficies escurridizas, superficies duras (aumenta el riesgo de fractura al producirse la caída), iluminación, objetos, altura de los muebles o calzado inadecuados.

La consecuencia más importante de la caída es la fractura, especialmente la de cadera por la mortalidad y las secuelas de pérdida de autonomía e invalidez que supone.

En relación a los accidentes de tráfico, ocurren con mayor frecuencia en los centros urbanos, en los varones y como peatones. Podría estar relacionados con la falta de atención a las señales de tráfico, los cruces de calzada fuera de los lugares previstos para ello (semáforos y pasos de cebra), falta de tiempo para atravesar todo el ancho de la vía y también a la responsabilidad de los conductores que asimismo pueden no respetar las señales de tráfico y conducir a velocidades excesivas.

Otro importante tipo de accidente son los incendios y quemaduras constituyendo la tercera causa de muerte por lesiones accidentales en población general. Pueden ser por incendio y llama, por contacto, por ingestión de agentes corrosivos (productos de limpieza) y por electricidad. La mayoría de los casos por incendio suceden en las viviendas y el hábito de fumar como origen está involucrado en el 25% de los casos.

El atragantamiento es otro tipo frecuente de accidente en los mayores. Está relacionado con dificultad para la deglución asociada a diversas patologías, al mal estado de las piezas dentarias y a la ingesta de alimentos no adecuados a estas situaciones.

Por último, citaremos las intoxicaciones, las más frecuentes en los mayores se producen por ingesta de alimentos en mal estado, por medicamentos, ya sea por reacciones adversas, reacciones cruzadas, sobredosificación o caducados y por inhalación de humo y otros gases, en los que es un factor de riesgo la disminución de la capacidad olfativa que se asocia a la edad.

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