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Adicciones sin drogas (III). Adicciones a las nuevas tecnologías

Del amplio elenco de potenciales adicciones conductuales, aquellas relacionadas con las nuevas tecnologías merecen una atención especial. La facilidad de acceso a las mismas, el hecho de que sea la población más joven la que hace un uso más amplio de ellas, la multiplicidad de posibilidades que ofrecen y la rapidez e incluso la inmediatez de las respuestas que proporcionan son, entre otros, factores que han contribuido a incrementar el interés y la preocupación por sus potenciales efectos perjudiciales, especialmente en la población infantil o juvenil.

Al igual que ocurre con otras conductas, las relacionadas con nuevas tecnologías, el uso de teléfonos móviles, de videojuegos o de Internet no tienen por qué ser consideradas en si mismas como conductas de riesgo. Por el contrario, en la gran mayoría de personas y de circunstancias el uso de las nuevas tecnologías supone importantes ventajas en muchos ámbitos, hasta el punto de que su no utilización constituiría un importante retroceso a nivel social y cultural.

Sin embargo, cuando algunas de las características de estas nuevas tecnologías confluyen con factores de riesgo a nivel individual (especial vulnerabilidad) o situacional (ambientes y contextos problemáticos), pueden dar lugar a un uso inadecuado de las mismas, a un abuso en su utilización o incluso, en los casos extremos, a una adicción.

Al igual que ocurriría en otros tipos de adicciones, para poder hablar de una adicción en este campo deben darse una serie de circunstancias, como la pérdida de control sobre la conducta, la invasión del hábito en la vida de la persona con el consiguiente abandono de otras actividades y responsabilidades a nivel familiar, escolar o laboral y la incapacidad de abandonar la conducta adictiva a pesar de las consecuencias negativas de la misma.

Como ejemplo de este tipo de conductas tenemos el uso de videojuegos y de Internet, que representa hoy un fenómeno cultural sin precedentes y que genera un gran entusiasmo. En ambos casos se trata de mundos amplios y complejos, interrelacionados entre si, ya que la informática ha constituido una revolución considerable, también en el ámbito de lo lúdico. Por otra parte, la expansión de la informática y del PC al ámbito familiar, junto al desarrollo de una enorme y atractiva oferta de juegos para el ordenador dirigidos a públicos de todas las edades, ha dado lugar a la existencia de una alternativa a las responsabilidades escolares o laborales, a veces demasiado tentadora y atractiva.

La última revolución producida en este ámbito la proporciona la posibilidad de unir los ordenadores o las consolas entre si para jugar en red, lo que transforma y amplía esta realidad en tanto en cuanto ya no se juega contra una máquina, sino con un número ilimitado de jugadores, que pueden situarse en cualquier lugar del planeta. Tanto los juegos de acción, como los juegos de reflexión o los de simulación gozan de estas características y atractivo.

Por lo que se refiere a Internet y a su posible capacidad adictiva, es necesario clarificar de entrada, que no existiría una sino varias posibles adicciones, ya que, como ventana virtual al mundo, el uso de la red sitúa al usuario frente a las infinitas ventajas y también frente a riesgos diversos derivados de su posible mala utilización.

Uno de los primeros en hablar del posible uso de riesgo de Internet fue Ivan Goldberg (1995) quien propuso el término, Internet Addiction Disorder (IAD), para referirse al “uso compulsivo” de la red, si bien a este uso inadecuado se le han dado diversos nombres: “Uso patológico de Internet” (Morahan – Martín y Schumacher, 2000), “Adicción a Internet” (Egger, 1996; Thompson, 1996 y Young, 1996), “Dependencia a Internet” (Scherer ,1997 y Anderson, 1998), o “Ciberadicción” entre otros.

En cualquier caso un uso inadecuado de Internet podría promover tendencias adictivas muy diferentes entre sí, por lo que seria más adecuado hablar de posibles adicciones a Internet, más que hablar de una adicción única. Así la dependencia del sexo, la adicción al juego en todas su posibles formas o las compras compulsivas, podrían constituir una muestra de las posibles formas de adicción a través de la red. No obstante, hay autores como Griffiths que defienden el hecho de que Internet puede provocar una adicción en si misma.

Otra de las controversias surgidas en torno al tema de las posibles adicciones a Internet es precisamente la que hace referencia a si es la utilización de la red y su uso inadecuado lo que conduce a una adicción o, por el contrario, es una adicción preexistente, por ejemplo al sexo o al juego, la que se transforma y operativiza en nuevos formatos a través de Internet. Un dato a favor de esta teoría es el hecho de que frecuentemente se producen situaciones de abusos temporales de Internet en una o en varias de sus posibilidades, que remiten con el tiempo sin dar lugar a una adición. Por el contrario, una persona que presenta una adicción al Juego, previa a la utilización de Internet, es más probable que continúe con su adicción a través de la red. Como señalan Marc Valleur y Jean Claude Matysiak, …. “Omnipresente y de fácil acceso, la Red es el lugar de todas las tentaciones”. Internet supondría, desde este punto de vista un canal nuevo, que facilitaría la reedición de viejas adicciones.

Algunos autores (Suler, 1999: Echeburua, 1998) diferencian en dos grandes tipos las adicciones a Internet. En el primer tipo se incluirían aquellas personas que abusan de la red en actividades como buscar información, jugar en solitario, obtener nuevos programas…etc, pero que no se relacionan con otras personas ni buscan el contacto social. Es lo que Echeburúa denomina “estimulación solitaria”.

En un segundo tipo estarían aquellos que utilizan Internet para entablar relaciones, para entrar en contacto con otras personas, ya sea a través de juegos, de chats o de otros medios. Lo que caracteriza este tipo de utilización de Internet es precisamente la búsqueda de contacto con otros usuarios como forma de satisfacer necesidades de filiación, de reconocimiento o de poder, En este tipo se incluirían también los juegos de simulación, en los que una persona puede tomar diferentes identidades a través de las cuales interaccionar en la red.

Argemi (2000) propone la siguiente clasificación:

  • Ciberrelación, basada sobre todo en la búsqueda de relaciones y de amistades virtuales
  • Cibersexo, que incluiría la pornografía y los chats eróticos e intimistas
  • Cibercompulsión, que incluiría el acopio compulsivo de información o de conocimientos, las compras compulsivas, la adicción al juego, etc.

Cómo intervenir

Tanto desde el medio familiar como desde el educativo es posible intervenir con el objetivo de prevenir la aparición de este tipo de conductas adictivas. Los padres no deben perder la oportunidad de conocer cual o cuales son las actividades concretas que los hijos realizan frente a un ordenador. Lo primero, por lo tanto, es conocer, saber que actividades están realizando para poder hablar sobre ello, orientar y asesorar a los hijos, ayudándoles a regular el uso que hacen de las nuevas tecnologías.

Si se observa un uso exagerado, por ejemplo, pasar demasiado tiempo en la práctica de juegos a través de la red o cualquier otra conducta de riesgo, será conveniente, antes que prohibir, ofrecerles otras opciones y oportunidades en las que emplear su tiempo. Para ello el diálogo y la comunicación fluida entre padres e hijos va a ser siempre una herramienta esencial, que permitirá ayudarles a seleccionar contenidos, dar pautas de uso, compartir con ellos actividades, iniciarles en temas de interés que les ayuden a madurar y a desarrollar habilidades y valores personales como la responsabilidad y la autonomía, la capacidad crítica, habilidades de relación, etc. Resulta en todo caso fundamental evitar que el uso de estas tecnologías quite tiempo al descanso, a los espacios de convivencia familiar o al desempeño de las responsabilidades escolares o laborales.

El valor del ocio compartido en la familia desde que los hijos son pequeños, el aprender a disfrutar de las pequeñas cosas cotidianas, el desarrollar intereses y aficiones creativos o el desarrollo de valores personales como los mencionados son elementos de gran valor que pueden funcionar como factores de protección y como alternativas saludables a las adicciones.

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