“Me mintieron sobre los Cuentos de Hadas”: Un relato sobre la violencia machista en la adolescencia

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Querido diario: Madrid, 8 de Mayo de 2013.

Hoy ha sido un grandísimo día, por no decir uno de los mejores, y por no llegar a decir el mejor.

Jorge, el famoso Jorge, el chico de 1° de Bachillerato, el de las mejores notas de la promoción, el delantero estrella del equipo de fútbol del instituto, el más guapo, el que más bueno está de todo el instituto, ha coincidido conmigo en el Metro.

Se ha acercado a mí y hemos estado hablando. Pensaba que no se había fijado en mí nunca, pero al parecer sí. Y mucho.

Sonrojado y tímido me ha dicho que soy una chica realmente guapa y divertida. Me ha pedido mi número teléfono. ¡Él, me ha pedido a mí, alumna de 3° de la ESO, mi teléfono!. Aún no me lo creo.

Dijo que me mandaría un Whatsapp esta tarde y así ha sido. Parece ser que los cotilleos son ciertos, es un chico maravilloso.

Querido diario: Madrid, 16 de mayo de 2013.

Hacían ya 8 días que no escribía, pero es que estoy tan enamorada… que se me había olvidado hacer lo que más me gusta en el mundo: escribir.

Y sí, he dicho enamorada. Él, al parecer, también lo está. Llevamos toda la semana viéndonos en los recreos, estando juntos después de clase y ayer, sábado, quedamos para dar una vuelta por el centro.

Fue la tarde perfecta. Paseamos, nos tomamos algo por Malasaña, nos reímos, hicimos el tonto… Y al final de la tarde, me besó y me pidió salir. Sin dudarlo un segundo le dije que sí; y desde ahí, el resto de la tarde fue aún más maravillosa. COMO UN CUENTO DE HADAS.

Querido diario: Madrid, 20 de mayo de 2013. Nunca había estado tan enamorada. ¡Soy la chica más feliz del mundo! Y solo gracias a él.

Me hace sentir tan especial. Dice que soy la más guapa y por eso quiere que siempre vaya arreglada y preciosa, para que todos vean la novia que tiene.

Voy todos los sábados a verle jugar sus partidos, dice que soy su mayor apoyo y que si no estoy, perdería.

Generalmente, los sábados quedaba con Bea, Sandra y Amaya, mis mejores amigas. Me da un poco de pena que ya no pueda quedar con ellas pero… es que esto es más importante, el mejor chico del mundo me necesita.

Querido diario: Madrid, 24 de mayo de 2013. Hoy estoy un poco triste… No he estado con Jorge en el recreo y se ha enfadado.

Las chicas me dijeron que ya no iba con ellas nunca, que me estaba cerrando mucho a Jorge y que se sentían desplazadas. Así que me fui con ellas. La verdad que lo echaba de menos, echaba de menos estar con mis mejores amigas.

Al salir del instituto, me estaba esperando en la puerta. Estaba muy enfadado. Me dijo que dónde estaba, que me había estado buscando, que si le estaba poniendo los cuernos… Esto último me preocupa bastante, no quiero que piense que por no estar con él, prefiero a otros.

Le conté dónde y con quién estaba, también le comenté lo preocupadas que estaban las chicas y su respuesta fue: “Qué tonta eres, son unas exageradas. Solo quieren que te alejes de mí. Si tanto las quieres, vete con ellas; pero mi novia, tiene que cumplir como novia.”

Creía que me iba a dejar, lo pasé muy mal. Pero la verdad creo que tiene razón. Tener el novio que tengo implica hacerle feliz todo el tiempo.

Querido diario: Madrid, 26 de mayo de 2013.

Estoy sola en casa, había quedado con Jorge, pero es que me ha dicho que sus amigos de fútbol le habían dicho de salir por la noche a conocer chicas. Pero él no eh, me ha prometido que él solo va a acompañarlos, que me quiere muchísimo y que soy la única chica con la que quiere estar.

Por esta misma razón, me ha dicho que le apetecía llevar la relación a otro nivel: Relaciones sexuales. Si soy sincera, no sé si quiero… Nunca lo he hecho con nadie, creo que soy pequeña, pero claro, él es más mayor… Y me quiere muchísimo. ¿Y si me deja por decirle que creo no estar preparada? No quiero arriesgarme. Cuando quieres mucho a alguien y esa persona a ti también, es algo maravilloso. ¿No? Haremos lo que él quiera, al fin y al cabo, solo quiere lo mejor para mí.

Querido diario: Madrid, 27 de mayo de 2013.

Al final vino a mí casa, y lo hicimos. No le dije que no estaba segura de lo que iba a hacer, no quería decepcionarlo.

No paro de mirarme al espejo desde ayer… Me dijo que había engordado un montón. Que si quería seguir siendo su novia que adelgazara ya. Que tengo que estar guapa siempre, no solo cuando a mí me apetezca.

Querido diario: Madrid, 30 de mayo de 2013.

Estoy muy triste, preocupada y asustada. Hoy he salido de clase con Daniel, mi mejor amigo. Nos conocemos desde que teníamos 7 años y desde entonces hemos sido inseparables. Hasta hoy.

Salí con Dani del instituto y como es habitual, Jorge me estaba esperando en la puerta para volver juntos a casa en el Metro.

Cuando llegamos a la esquina donde siempre quedamos y nos vio juntos, se le cambió la cara. Ni me saludó. Bajamos calles y calles, rodeados de gente y él sin pronunciar palabra. Le pregunté angustiada 20 veces que qué le pasaba, pero lo único que expresaba era indiferencia.

Cuando por fin estuvimos solos, dijo la primera palabra en toda la tarde: “¿De qué vas?” No sabía que contestar a eso, estaba enfadado y no entendía por qué.

-¿Quién es ese? -me dijo.

-¿Quién? – respondí. Jamás mi corazón había latido tan rápido. -El chaval ese con el que has salido zorreando.

– No te enfades, por favor. Es mi mejor amigo desde los 7 años, se llama Daniel, y es un chico increíble.

– ¿Más que yo? Pues vete con él. A ver si él te cuida más que yo. Seguro que lo único que quiere es meterte la polla. ¿No te das cuenta? Si vas con esas pintas de puta… ¡Mira que escote! Deja de intentar enseñar algo que no tienes, guarra. ¿Es que no sirves para otra cosa, o qué? Todo el día igual, dejándoles a todos con el calentón. Pero luego no eres tan buena eh, porque a mí… Vamos, que no me gustó lo de la otra noche. Entre lo gorda que estás y que no tienes ni idea… No te das cuenta del novio que tienes, medio instituto se moriría por estar conmigo y tú… ahí, pegándosela a todos. Te vas a quedar sola, porque nadie te quiere de verdad. Ninguno te protege tanto, ni te cuida tanto, ninguno te dice lo que debes hacer para estar siempre guapa, porque saben que no lo eres. Ni siquiera las zorras de tus amigas. ¿Cómo se llamaban? Ni me acuerdo, son todas unas engreídas que solo quieren que te alejes de mí. Y tú no te das cuenta. Todas las tías sois iguales. Solo servís para follar y a la basura.

Después de eso se fue. Me dejó en medio de la calle, llorando, tirada en el suelo y sin ganas de nada. Volví a mi casa, y aquí estoy, escribiendo esto. No sé qué le pasa, por qué se pone así… Intento ser la chica perfecta, la que él quiere que sea, pero es que por más que lo intento, no lo consigo.

Querido diario: Madrid, 1 de junio de 2013.

He estado desde entonces sin querer hacer nada. Tirada en la cama, llorando, sin comer y mirándome al espejo por miedo a engordar más y que definitivamente, me dejara. Pero entonces, sonó el timbre de mi casa. Abrí la puerta y ahí estaba él. Guapísimo, de traje y corbata, con la sonrisa más bonita del mundo y con un ramo de flores en las manos. Le faltaban la espada, la armadura y el caballo para convertirse en mi príncipe azul.

Nada más verme, me abrazó llorando y al oído, susurrando, me dijo por primera vez: “Te amo”. También se disculpó, ni él entendía cómo había podido reaccionar así. Me dijo que no quería perderme y que si yo me alejaba, él se mataba.

Estaba tan guapo y sus lágrimas demostraban tanto sentimiento que, inmediatamente le besé. Le dije que me hiciera lo que me hiciera, le perdonaría todo, que yo tampoco me imaginaba una vida sin él.

Querido diario: Madrid, 8 de junio de 2013

Qué sensación más extraña esta de querer gritar y no ser capaz.

Estoy escribiéndote en la sala de profesores del instituto, rodeada de todos mis profesores y de la directora. Acompañada de mis padres, de las chicas y de Dani. El resto de mi clase está fuera, intentando escuchar lo que está ocurriendo dentro. Estoy pasándolo muy mal. Tengo miedo de que Jorge se entere que estoy aquí y no yéndole a buscar a la comisaría de policía.

Hoy hemos tenido una excursión, íbamos toda la clase con nuestra profesora de sociales y con nuestro profesor de biología. Era una excursión muy interesante, o eso me han dicho… No me he enterado de nada. No podía parar de pensar en qué podría pensar Jorge si me viera estando con toda mi clase.

Cuando llegamos al instituto, él estaba en la puerta. Me acerqué corriendo a decirle que sentía no haber estado con él y antes de que pudiera decir nada, me pegó un puñetazo.

Me dijo que por qué no le había dicho que iba a irme de excursión, que ya no contaba con él, que siempre había tenido razón que solo servía para follar. Intentó volver a pegarme pero mis profesores fueron corriendo a sujetarle. Amaya llamó a la policía y enseguida vinieron. Nadie sabía qué decir, ni tan siquiera yo. Me sentía imbécil por no saber la forma en la que pedirle perdón.

Dani me cogió y me llevó con Bea, con Sandra y con Amaya. Mientras él llamó a mis padres que también vinieron corriendo.

Y aquí estamos todos. Yo sentada y ellos mirándome. Todos intentando hacer que hable, pero no soy capaz, me da miedo que se entere y me vuelva a pegar.

No paran de preguntarme que dónde le conocí, que si no es la primera vez que me pega… Nadie entiende nada. Estoy medio en shock, oigo sus voces como murmullos en mi cabeza y por otro lado está él: llamándome guarra y diciendo que no sirvo para nada. ¿Para qué hablar con ellos si, como Jorge dijo, no me quieren de verdad?

Pero siempre hay dos personas, que no puedes pensar que no te quieren. Ellos marcaron mi principio, han marcado mi forma de ser y marcarán mi final: Mis padres. Siempre están ahí, pase lo que pase. Y una vez más, estaban a mi lado.

– Eres grande, pequeña. – dice mi padre. Mientras mi madre reivindica que querer y hacer daño no es compatible, que da igual la circunstancia, todo tiene salida y que tanto ella como mi padre, me iban a acompañar a encontrarla.

Ahora me acuerdo de todo, de los miles de recuerdos con mis padres y con mi familia. Las lágrimas de mi padre cuando me vio nacer, la sonrisa de mi madre al verme abrir los regalos en Navidad, todos esos viajes juntos que me enseñaron tantas cosas, esas risas haciendo el tonto, bailando, vacilando y riéndonos de cualquier cosa, cuando me compraron el primer perro, las expediciones por la montaña con toda la familia en las que a todo le poníamos nombre… Todas esas cosas que Jorge nunca ha sido capaz de compartir y disfrutar conmigo. Nunca me ha hecho sentir como lo grande y maravillosa que soy y nunca se ha planteado qué significa la palabra querer.

Es ahora cuando me armo de valor y siento que puedo empezar a gritar. Les leo todo este diario, desde que le conocí. A él, al famoso Jorge, al chico maravilloso.

Es en este punto donde mis profesores y profesoras me paran y entre ellos y ellas, me enseñan la lección más valiosa de todas. Las personas buenas son las que te hacen llorar a base de buenas risas y abrazos, y no a base de daños y golpes. Las que no te hacen hundirte y caer, sino las que te acompañan a lo más alto. Las que entienden que querer implica respetar, valorar, cuidar, confiar, compartir….. Y que un boletín de notas a rebosar de dieces, ser el pichichi del equipo y ser considerado el más guapo del instituto, no te convierte en un buen ser humano.

Aquí es cuando empiezo a empaparte diario, estoy llorando, y no estoy sola, me están abrazando 3 fantásticas y un fantástico: Bea, Sandra, Amaya y Dani. Tenía razón Jorge, qué tonta fui. Por alejarme de ell@s, y por acercarme tanto a él. Tenían los mofletes llenos de lágrimas pero si l@s miraba me sonreían. Lloran por una emoción conocida como empatía. Emoción que Jorge jamás tendrá.

Recuerdo el día en el que les conocí. No fue en el Metro, no me dijeron que entre todas mis virtudes, la belleza era la que más resaltaba, tampoco me pidieron el teléfono como primera opción para conocerme.

Fue poco a poco, con carcajadas, con secretos, con gestos, con miradas. Por Whatsapp es muy fácil ser valiente y decir aquello que queremos oír tod@s. Sin embargo, es muy difícil ser un cabrón cuando planeas cada letra que pones. El tiempo es un sabio escultor: construye las verdaderas felicidad y sinceridad.

Es ahora cuando me levanto quitándome las lágrimas de la cara y escuchando por primera vez a mi razón y no tanto a mi corazón. Dándome cuenta de que Jorge nunca será maravilloso, que siempre será un maltratador y que gente como él es tóxica. Que estoy acompañada de personas que valen alegrías, por encima de cualquier pena. Que valgo más que cualquier tesoro y que ni él ni nadie va a volver a menospreciarme. Que soy fuerte, y para ello no necesito levantar 20 kilos de pesas. No necesito humillar a nadie para sentirme mejor, me siento bien cagándola, llorando, maldiciendo cada uno de mis errores y luchando por corregir todos y cada uno de ellos.

Nada de esto lo entenderá. Y POR ESO, AUNQUE NO ME OIGA, SE HA ACABADO.

Querido diario: 14 de septiembre de 2013.

Llevo sin escribir mucho tiempo. He estado ocupada. He retomado mi vida con las mejores personas que podría tener. He asistido a ayuda psicológica, a un grupo de mujeres que han sufrido y sufren violencia de género y he aprendido más que en toda mi vida. No solo en cuanto a valores, sino también a respetarme como mujer.

A comprender que no se nace siendo maltratador. Que el machismo se puede combatir, pero que depende de todos y de todas, hombres y mujeres, mujeres y hombres.

Todo cuento, tiene su final y, mentiría al decir que hoy he escrito solo para decir que ya estoy bien.

Hoy ha sido el primer día de curso y, tras un verano lleno de ilusión, me he encontrado con mi mayor pesadilla en la puerta del instituto.

Venía con el mismo rollo de la última vez, que lo sentía, que me quería mucho, que no sabía qué le había pasado… La única diferencia es que esta vez no venía con el pretexto de quitarse la vida y con un ramito de flores para poner aroma a su discurso.

Nunca se me olvidará la respuesta que le di:

No quiero volver a verte en la vida. No sabes lo que es el amor. Para ti nunca fui tu novia; me tratabas como un coche, una moto, un ordenador o un móvil de última generación. Por suerte, ya estoy bien, he aprendido de todo esto. He aprendido a valorarme y a cuidarme yo solita, sin que nadie lo tenga que hacer por mí. Nunca volveré a alejarme de la gente que me importa y a partir de ahora las decisiones las voy a tomar yo. Soy una mujer a la que ningún hombre va a cambiar el rumbo de su vida. Querer y hacer daño no es compatible. Hasta nunca, Jorge.

Me marché de aquel lugar acompañada de quien más quería. Ahí fue cuando entendí que los cuentos de hadas no existen, pero si quieres, pueden existir los CUENTOS LLENOS DE HADAS.

Lucía Hernández Orozco

Estudiante de 14 años

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